Si estás cansado y agobiado

Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré.

Se nos recordaba ayer en la eucaristía que Dios no nos evita ni la enfermedad ni el sufrimiento; pero que, si queremos, Jesús puede aliviar nuestra carga…

Me encantó la imagen del yugo: ¡cómo varía una carga cuando se lleva compartida!
¡Qué sentido cobra así la palabra cónyuge! Una vida compartida: proyectos, ilusiones, sueños, dificultades…

 

Y aunque el sufrimiento nadie lo queremos, ¡no somos masoquistas! Cuando viene, si se sabe encajar y asumir, ¡cómo nos hace crecer! Nos hace más humanos, más humildes, más persona…

Tierra buena

Comparto esto que escribí hace unos días:

Estos días atrás, en el ASHERA, me hacía Román un comentario sobre los árboles sembrados y plantados en Pueblo:

De los plantados, sólo unos pocos sobrevivían. Traídos de viveros, crecidos “entre los algodones” de las condiciones idílicas (pero encasilladas) de un plantón, al ser introducidos en “tierra hostil”, se veían obligados a una adaptación fortuita, rápida… Se veían sometidos a un estrés que, con la poca tierra conservada entre sus pequeñas raíces, muchos no eran capaces de soportar…

De los sembrados, de los que simplemente habíamos introducido una pequeña semilla en la tierra, los caídos en tierra buena, o incluso en no tan buena, siendo fuertes, habían crecido adaptándose al medio… Un buen ejemplo, el gran árbol de la plaza de Betania cuya sombra tanto disfrutamos… dando fruto…

Hoy, día de funeral, en el que hemos despedido al tío Pepe, el más mayor de los primos de mi madre, he sentido lo de la tierra buena en la que he tenido la suerte de crecer. Continuar leyendo “Tierra buena”