Tierra buena

Comparto esto que escribí hace unos días:

Estos días atrás, en el ASHERA, me hacía Román un comentario sobre los árboles sembrados y plantados en Pueblo:

De los plantados, sólo unos pocos sobrevivían. Traídos de viveros, crecidos “entre los algodones” de las condiciones idílicas (pero encasilladas) de un plantón, al ser introducidos en “tierra hostil”, se veían obligados a una adaptación fortuita, rápida… Se veían sometidos a un estrés que, con la poca tierra conservada entre sus pequeñas raíces, muchos no eran capaces de soportar…

De los sembrados, de los que simplemente habíamos introducido una pequeña semilla en la tierra, los caídos en tierra buena, o incluso en no tan buena, siendo fuertes, habían crecido adaptándose al medio… Un buen ejemplo, el gran árbol de la plaza de Betania cuya sombra tanto disfrutamos… dando fruto…

Hoy, día de funeral, en el que hemos despedido al tío Pepe, el más mayor de los primos de mi madre, he sentido lo de la tierra buena en la que he tenido la suerte de crecer.

Y mucha de esa tierra, no alcanzamos a saber de cómo ha sido cuidada: generación tras generación, cuidándola, mimándola, transmitiendo cariño y valores… En ocasiones por personas que no hemos “conocido” o no hemos compartido tanto el día a día de una vida que nos ha puesto en circunstancias, lugares y tiempos diversos; pero todos aportando en esa misma tierra, preparada, siempre, para nosotros…

Hoy he sentido esa tierra buena, la he palpado, la he gustado, la he llorado y ha vuelto a nutrir mis raíces… Me ha hablado del valor de la familia y los amigos, del máximo respeto al ser humano, del trabajo por un barrio y una sociedad más para todos… He sentido la comunión entre cristianos y gentes de bien, de mucho bien, todos juntos…

¡Gracias a todos! ¡Gracias, Señor!

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