Un jueguecillo mas una pequeña canción

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El jueguecillo: pincha sobre la imagen y pasa el ratón por encima de la que te aparezca.

El viernes pasado vino Luis Guitarra a Valencia. Una de las primeras cosas que le oímos fue algo así: “pasar de la miopía a la utopía”. A mí enseguida me sugirió un juego de palabras… Partiendo de la MIopía, para llegar a la UTopía hay que pasar por la TUopía. Una vez más, el necesario descentramiento de uno mismo para poner el centro en Dios, en los otros… Para conseguirlo, un imprescindible “giro”, como el de las letras (TU->UT)

Con Miopía somos incapaces de ver, pero superándola, todo es distinto, nos encontramos con el otro, con sus alegría y sus tristezas… Y así, juntos, podemos empezar a disfrutar de las primicias del Espíritu (Rm 8, 23) que se nos hablaba en la Vigilia de Pentecostés. Disfrutar de ese mundo nuevo con el que soñamos, pero que ya empieza a ser realidad en la medida que lo posibilitamos.

Creo que, al principio, no interpreté bien lo que Pablo quiso decir con “¿Cómo seguirá esperando uno aquello que ve?” (Rm 8, 24) Parece que aquí Pablo quiere poner el énfasis en la importancia de tener esperanza, perseverancia en esperar lo que aún no vemos. Y es importante, pero también lo es reconocer lo que ya se va dando, el Reino ya está aquí…

6 respuesta a “Un jueguecillo mas una pequeña canción”

  1. Muy bueno Lorenzo!! jeje. En palabras de Desalambrar, la miopía necesita gafas, mientras que la utopía necesita ojos…

  2. gracias lorenzo por compartir eso que llevas en el corazón
    y que para mi siempre es una luz
    un beso grande

  3. Gracias Lorenzo por tu generosidad, regalandonos tu tiempo, tu ilusión, contagiandonos al resto. No apagues nunca tu fueguito

  4. bien Lorenzo, me anima eso de cultivar la esperanza para superar la miopia. A pesar de todo lo que estamos viendo pasar a la TUopia……

  5. Gracias Lorenzo, he estado un ratito de oración con tus reflexiones, los cantos tuyos, de brotes…. Qué grande es Dios que no necesita venir como un gigante, imponiéndose a la fuerza. Esas son lass paradojas del Magníficat y del evangelio. Y nosotros a esperar, a reconocerlo en lo que nos rodea y a alabarlo.

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